¿SON LAS ANTENAS DE TELEFONÍA MÓVIL DE LAS AZOTEAS ORGANISMOS VIVOS?

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¿SON LAS ANTENAS DE TELEFONÍA MÓVIL DE LAS AZOTEAS ORGANISMOS VIVOS?

Ciclo vital de una estación base de telefonía móvil

Hay sectores que durante estos meses que llevamos confinados en nuestras casas, han seguido funcionando para toda la población. Algunos para nuestro solaz, como el de la TV o el de la telefonía móvil. Hemos seguido pudiendo tener TV y capacidad de hablar, chatear y buscar por el teléfono móvil.

Las antenas de telefonía móvil de las azoteas y torres rurales han seguido cumpliendo su misión. Han seguido dando servicio en sus respectivas áreas de cobertura. Los contratos de alquiler de las azoteas han seguido vigentes, los propietarios cobrando sus rentas y los operarios manteniendo las antenas de esas azoteas.

Tal vez, por estar recluidos en nuestros domicilios, no nos hemos dado cuenta de que la vida ha continuado con normalidad en estos sectores de servicios de telecomunicación. La mejor y más extensa red de fibra óptica de Europa –la española- ha seguido funcionando sin problemas. Del mismo modo la señal de TV que Retevisión se encarga de difundir por toda nuestra geografía. De igual manera, las cuatro grandes operadoras de móviles de España se han encargado de que sus antenas de telefonía móvil de las azoteas siguiesen radiando. Que sus repetidores, microceldas, y centros de conmutación estuviesen preparados y dimensionados para poder hacer frente a la avalancha de voz y datos que se ha quintuplicado estos días.

Las antenas de telefonía móvil que pueblan nuestros campos, carreteras y ciudades, son casi entes vivos. Nacen, crecen, se multiplican, caen enfermos y, a veces, mueren. ¡Vaya! Casi como nosotros… ¡preocupante!, ¿no?

Estas antenas tienen un ciclo vital que vamos a intentar describir en este artículo.

GESTACIÓN:

A veces este primer periodo es rápido, rapidísimo, y otras lento lentísimo. Se inicia en el mismo momento en el que un agente negociador se pone en contacto con nuestra comunidad de vecinos para comunicarnos que la operadora a la que representa tiene intención de alquilarnos la azotea para instalar unas antenas en ella. Ese es el “acto” en el que la operadora insemina al posible arrendador. Y empieza a fecundarse un contrato de alquiler. Empiezan las negociaciones para ver cómo será la criatura –la estación base de telefonía móvil- qué duración tendrá en la azotea, su composición, la renta que se percibirá a cambio, etc. Y ese proceso de gestación será tanto más corto cuanto más quiera la comunidad acelerar las negociaciones y la junta de propietarios donde se debe votar finalmente.

INICIO DEL PARTO Y DILATACIÓN:

Tras el periodo de gestación, viene el inicio del parto: la firma del contrato de alquiler. Y ahora, como todos sabemos, hay que “dilatar”. Y muchas veces, esta fase de dilatación se hace muy larga, pesada y molesta. En nuestro telecomunicativo ejemplo, tras la firma del contrato de alquiler no viene enseguida la construcción de la estación base en la azotea. Ese deseado vástago puede hacerse de rogar. Saldrá cuando todo esté dilatado. Y ello significa que la operadora puede que espere a tener las licencias municipales, a tener presupuesto, a disponer de brigadas de construcción o vaya usted a saber qué. Es decir, debe “dilatar”.

PARTO:

Y llega el feliz momento en que la criatura –las antenas de telefonía móvil- salen de su contrato matriz y ven la luz del día. Empieza la construcción de la estación base en la azotea. Y la comunidad de propietarios empieza a ver los dineritos de la renta arrendaticia. Y el parto puede durar un par de semanas o un par de meses. Depende de la complejidad de la instalación, del tipo de infraestructura de que se trate y de varios aspectos que inciden en la construcción y la aceleran o ralentizan.

CRECIMIENTO:

Ya tenemos a la criaturita en la azotea. Nace con una configuración de antenas y equipos radio dadas y pronto empieza a crecer y a desarrollarse. Le salen más postes y antenas, más parabólicas, más RRU, más cables. La criatura pequeña y endeble se convierte en un pedazo de macrocelda. Se desarrolla y adquiere fuerza. Y cada vez que viene una nueva generación (ya vamos por la quinta o 5G) la criatura pega un estirón y crece. Talmente como nuestros hijos.

REPRODUCCIÓN:

¿Tienen hijos estas estaciones base de telefonía móvil? ¿Pueden reproducirse en nuestras azoteas? Por supuesto. Es lo que se llama compartición o subarriendo. A la estación base adulta le salen hijos. A la operadora que firmó el contrato de alquiler de la azotea le da por subarrendar a otra operadora. Y viene una nueva operadora a nuestra azotea a crecer al lado de su hermano mayor. Ya tenemos dos donde antes solo había una. Y este proceso de reproducción de puede dar varis veces: hasta tres. ¡Prepárense para tener familia numerosa de antenas de telefonía móvil!

ENFERMEDAD:

Como cualquier ser vivo, la estación base de telefonía móvil puede enfermar. Tiene sus propias bacterias y virus, sus propios achaques de vejez, sus traumas y heridas. Estas instalaciones se averían. Caen enfermas. A veces es un simple corte del suministro eléctrico que la deja sin oxígeno y empieza a respirar con dificultad (usa las baterías de emergencia para poder seguir radiando, pero tienen una duración muy limitada) Lo técnicos de mantenimiento deben acudir prestos a socorrer a la pobre estación base antes de que se nos ahogue del todo. Otras veces es un fallo electrónico en alguna placa de radio. Otras es la lluvia que llega a cortar un radioenlace dejando incomunicada a la estación base. Incluso puede ser el salvajismo y el vandalismo de un ser humano los que dejen a las antenas de telefonía móvil KO y fuera de combate. Pero para eso tiene sus propios médicos: los técnicos de radio y mantenimiento.

MUERTE:

Sí. También hay decesos electrónicos. Las antenas de telefonía móvil mueren. O, incluso, se suicidan. Esto ocurre cuando una comunidad de propietarios, harta de los desmanes de la operadora, denuncia el incumplimiento contractual ante los tribunales de justicia pidiendo la resolución contractual y gana el pleito. La operadora debe desmontar las antenas e irse. La estación base de telefonía móvil muere en esa azotea. Desaparece. Otras veces, la operadora se suicida: rescinde unilateralmente el contrato de alquiler de la azotea y se lleva las antenas a otro edificio.

En fin. Como hemos visto con esta jocosa y surrealista comparación, las antenas de telefonía móvil de las azoteas, sus contratos de alquiler, son como seres vivos. Si queremos que la criatura crezca sana y dándonos alegrías (buenos dineros de renta) cuidémosla y controlémosla. Como a cualquier hijo, no podemos quitarle el ojo de encima. Debemos estar atentos.

¡Bienvenidos al apasionante mundo de la paternidad!

/ Divulgativo

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Acerca del Autor

Francisco Niederleytner Llorca, ingeniero superior de telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid. Executive MBA por la Facultad de Estudios de la Empresa adscrita a la Universidad Politécnica de Valencia.

Con amplia experiencia en el sector de la telefonía móvil, ha desempeñado puestos de dirección en varias operadoras, tanto en adquisición de emplazamientos como en despliegue de red, y desde 2003 es el responsable de la dirección técnica de Solitel estacionbase.com
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